TU COCHE TRAS UN SINIESTRO, ¿DESAMPARADO O BENEFICIADO?

TU COCHE TRAS UN SINIESTRO, ¿DESAMPARADO O BENEFICIADO?

Desde hace muchos años, se viene produciendo una doctrina jurisprudencial en materia de vehículos siniestrados que en ocasiones lesiona los derechos del asegurado en los términos que se exponen a continuación.

Lo habitual es que cuando uno tiene un accidente con un vehículo causado por un tercero este debe indemnizarle. Pero si el valor de reparación supera el valor venal (valor de mercado en el momento del siniestro), la cuantía indemnizatoria que el causante de ese siniestro deberá pagar al propietario del vehículo será el valor venal, y no el de reparación.

Esto se debe a que en la mayoría de los casos lo que se pretende evitar es el enriquecimiento injusto del propietario de ese vehículo siniestrado. Este concepto de enriquecimiento injusto hace referencia al beneficio económico que el propietario del vehículo siniestrado obtendría si la cuantía indemnizatoria se estableciera en función del valor de la reparación. Es decir, se pagaría más por repararlo que por lo que vale el vehículo en el mercado, y esto no es aceptado por los Tribunales. Consecuencia directa de que los vehículos se desvalorizan en cuanto salen del concesionario.

Como remedio a esta medida aparentemente injusta para el propietario, que se ve víctima de un accidente y de una poco favorecedora indemnización, se crea el concepto de valor de afección. Así, el valor de afección es el complemento indemnizatorio que se materializa como un porcentaje “x” aplicado sobre el valor venal del vehículo con el fin de obtener el valor de uso del vehículo dañado.

En efecto, el valor de afección no es otro que la parte sentimental o de pura utilidad que ese vehículo, o, mejor dicho, la falta de él te pueda ocasionar. El debate gira en torno a ¿qué vale más? Y no hablamos en términos monetarios sino en los puramente utilitarios, pues un coche no es un billete con ruedas. Es un medio de desplazamiento, que probablemente al tiempo del siniestro no valga mucho, pues es antiguo; pero la perdida de este, al no poder repararse por ser su valor venal inferior al coste de la reparación, deja al propietario sin una efectiva solución. Esto es así porque con el dinero del valor venal no puedes comprarte otro vehículo igual o similar, y es en ese punto donde la valoración del porcentaje atribuido al valor de afección cobra mucha importancia.

Los peritos tasan el valor de afección entre un 10% y un 50% más sobre el valor venal. Pero esta tasación normalmente es recurrida, pues la persona que ocasiona ese siniestro juega con la baza de que esa valoración es totalmente subjetiva y variable.

Es por esto, que resulta muy interesante que el Tribunal Supremo se haya pronunciado sobre esto el pasado 14 de julio de 2020 en la sentencia 420/20, pues es el quebradero de cabeza de todas las aseguradoras, abogados y peritos.

Curiosamente, esta sentencia no busca la total defensión de esa persona que sufre el accidente, sino que apoya los argumentos de la parte demandada, estableciendo un 30% como valor de afección y especificando que los criterios anteriormente tomados por la Sección 4ª de la Audiencia Provincial de Granada que había valorado el caso, no son arbitrarios ni se han apartado del canon de la racionalidad. El caso que dio lugar a este recurso de casación fue con un vehículo matriculado el 1 de abril de 2004, con una antigüedad considerable en el momento del siniestro el 20 de diciembre de 2013. Se apreció una evidente desproporción entre el valor de reparación (6.700 €) y el valor venal del vehículo (3.470 €), por lo que consideró que dicha forma de resarcir el daño resultaba antieconómica. En virtud de las consideraciones expuestas, la AP de Granada fijó el montante indemnizatorio en un total de 4.511 euros, consecuencia de adicionar al valor venal un 30% de valor de afección.

Por lo tanto, esta resolución del Tribunal Supremo en esta materia nos permite ratificar y afianzar los criterios y resoluciones que se han estado reconociendo por nuestros tribunales. Además, ha concluido en términos de valoración y tasación para evitar el aprovechamiento y enriquecimiento injusto de los perjudicados. Y por supuesto ha ayudado a asentar unas bases configuradoras en el marco de las negociaciones extrajudiciales, evitando así numerosos conflictos. Pero ¿es esta la óptima solución al problema que existe entre la justa tasación y la búsqueda de garantizar la total indemnidad de los daños y perjuicios padecidos? Probablemente lo sea para la generalidad, pero no podemos desatender la inmensidad de realidades para los que esta medida sea injusta, e incluso pueda producir cierto desamparo e indefensión.

Manuel Serrano Conde
Marina Vidal de Lamor