LAS LUCES Y SOMBRAS DE LA NUEVA LEY DE TELETRABAJO

España, al igual que el resto de países, ha sido azotada por el Covid-19. La expansión de la pandemia y la necesidad de aplicar medidas de contención han obligado a gran parte de la sociedad a adaptarse de forma inmediata a la posibilidad del trabajo remoto.

Como toda medida, el teletrabajo tiene sus luces y sus sombras. A primera vista, el teletrabajo puede parecer una medida ventajosa, ya que permite una mayor conciliación entre la vida familiar y profesional del empleado, reduce altos costes a la empresa, y minimiza la contaminación de la sociedad por haber menos desplazamientos. No obstante, uno de los grandes problemas es, que no todas las empresas ni sectores pueden permitírselo en estos momentos; y, además, trae consigo una serie de desventajas. Para el empleado, aumenta el riesgo de no desconectar del trabajo al mezclarse en el mismo espacio su vida personal y profesional, para las empresas, puede existir dificultad a la hora de controlar el rendimiento de sus empleados. Y no olvidemos, que supone una reducción de las relaciones interpersonales, las cuales son la base de toda sociedad.

El teletrabajo no es una modalidad nueva, pero sí es cierto que la pandemia del Covid-19 lo ha acentuado, y ha forzado a que muchos lo descubran por primera vez.  Ante el auge del teletrabajo, y la insuficiencia del artículo 13 del Estatuto de Trabajadores de otorgar la pertinente protección a las peculiaridades de dicha modalidad, surge la necesidad de ofrecer mayor regulación a esta referida situación. Y es así como surge la Ley 10/2021 de 9 de julio, de trabajo a distancia, publicada en el Boletín Oficial del Estado este pasado sábado. La referida Ley entró en vigor al día siguiente de su publicación, salvo el apartado segundo de la Disposición Final Primera, que entrará en vigor el próximo 1 de octubre y que modifica el artículo 40 de la Ley sobre Infracciones y Sanciones del Orden Social.

La Ley distingue entre tres situaciones:

  1. a) “Trabajo a distancia”: actividad laboral llevada a cabo desde el domicilio o lugar elegido por el trabajador, con carácter regular.
  2. b) “Teletrabajo”: trabajo a distancia que se lleva a cabo mediante el uso exclusivo o prevalente de medios y sistemas informáticos, telemáticos y telecomunicación.
  3. c) “Trabajo presencial”: aquel trabajo que se presta en el centro de trabajo o lugar determinado por la empresa.

Algunas de las particularidades de la referida Ley son las siguientes:

En su artículo tercero, limita el teletrabajo en los contratos de prácticas y para la formación de aprendizaje, exigiendo como mínimo un 50% de prestación de servicios presenciales.

En su artículo quinto, considera que el trabajo a distancia será voluntario y deberá existir un acuerdo firmado entre las partes. No será causa justificativa de extinción de la relación laboral ni de la modificación sustancial de las condiciones de trabajo la negativa de la persona trabajadora a trabajar a distancia.

A lo largo de varios artículos establece la igualdad de trato y oportunidades y no discriminación a las personas que trabajan a distancia, otorgándoles los mismos derechos que a los trabajadores que desarrollan su actividad de forma presencial, salvo aquellos a los que sean inherentes a la realización presencial.

La referida Ley, se centra en proteger a los trabajadores, lo cual es positivo. Pero se olvida de una parte fundamental, proteger también a las empresas. ¿Qué sucede cuando la empresa no tiene capacidad logística o económica para adaptarse al teletrabajo?, ¿Qué ocurre con aquellos trabajos que se desarrollan desde un prisma tradicional? En definitiva, la Ley debería haber contemplado una protección proporcional y justa a ambos actores, trabajadores y empresarios, y por ejemplo haber propuesto un plan de ayudas para facilitar la adaptación de esta normativa especialmente para las Pymes.

 

Manuel Serrano Conde

Belén Montes García