ESPAÑA EN CASA, FRANCIA EN LA PLAZA

Este mes hace un año desde que el virus del COVID 19 apareció en el panorama socio- sanitario para quedarse. Mirando hacia atrás podemos ver que la situación no es muy diferente a la que vivíamos hace un año, seguimos con restricciones, confinamientos, test, mascarillas y mucho miedo. Y es posible que el miedo sea el promotor de algunas de las medidas, que bajo nuestro criterio calificamos de incoherentes y discriminatorias.

Concretamente nos referimos a la medida de restricción de movilidad tomada por el Gobierno Español para el puente de San José y Semana Santa. Esta medida prohíbe los desplazamientos entre Comunidades Autónomas para los españoles salvo para aquellos desplazamientos, adecuadamente justificados, que se produzcan por alguno de los motivos regulados en el artículo 6 del Real Decreto 926/2020, de 25 de octubre. Por lo tanto, los españoles solo podrán desplazarse entre Comunidades Autónomas por motivos sanitarios, para el cumplimiento de obligaciones laborales, profesionales, empresariales, institucionales o legales; por motivos de asistencia a tu centro de educación o docencia; retorno al lugar de residencia habitual o familiar o asistencia y cuidado a mayores, menores, dependientes, personas con discapacidad o personas especialmente vulnerables, entre otros.

El problema de esta medida surge cuando se permite la llegada de turistas extranjeros a España y convierte está en discriminatoria para los propios españoles. Tanto es así que la Comisión Europea ha pedido a España “coherencia” en las restricciones de viaje que aplica dentro del territorio nacional y con respecto a los desplazamientos desde y hacia otros países de la Unión Europea. Recalcando lo que resulta evidente, que los riesgos vinculados al coronavirus son similares, ya sean los viajes interiores o transfronterizos.

Supone una contradicción absoluta, si lo que se pretende evitar es que no se produzca una cuarta ola y que se fomente a la vez la economía del país, la solución no es encerrar a los españoles y dejar a los demás países venir aquí con el único requisito de una PCR, cuando, además, en numerosas ocasiones provienen de territorios con una situación epidemiológica mucho peor.

Porque el problema real es la ilusión de pensar que se pueden coordinar y unificar medidas a nivel europeo, cuando cada país está estableciendo sus propias reglas. Y ese es el problema, que la labor de contención propagandística no debería ser una cuestión a decidir en cada país, sino a nivel europeo, por la Comisión. Porque lo que está ocurriendo es que ahora “hay países recreo” a los que las personas viajan para disfrutar de sus “ventajas” descontrolando esas tasas de contagios y obligando a los verdaderos residentes a crudificar las medidas por conductas que no les son imputables. Un ejemplo de esto es el turismo francés que España esta recibiendo estos meses atrás, un turismo de “fiesta” donde vienen a descansar de sus restricciones, jugando a un “todo vale aquí”. De hecho, según un informe del Instituto Nacional de Estadística de España, uno de cada cuatro visitantes extranjeros es francés, así en diciembre, de 650.000 turistas que aproximadamente visitaron España más de 164.000 eran franceses.

Y es que como decíamos este virus no entiende de fronteras, y hay que intentar reducir todos y cada uno de los desplazamientos innecesarios, pero nunca generando una discriminación entre los residentes en un país y los turistas extranjeros. Porque si un español no puede irse de vacaciones con su familia, ¿por qué si puede hacerlo un extranjero?, ¿acaso su conducta va a ser más responsable que la nuestra? Lo dudo mucho, pues será el español quien tras las vacaciones deberá hacerse cargo de las consecuencias que la irresponsabilidad del viajero extranjero haya generado, y que con su vuelta dejará atrás cualquier posible responsabilidad, porque las consecuencias negativas se quedan en España para los españoles.

El Gobierno se justifica diciendo: “Se les exige PCR”, pero la respuesta bajo nuestro punto de vista es clara, exígeselo igual a los españoles que desean moverse, y si se restringe la movilidad, se restringe a todos por igual, porque el turismo es necesario, todos los ingresos provengan de donde provengan son válidos.

 

Manuel Serrano Conde

Marina Vidal de Lamor